viernes, 7 de mayo de 2010

Esperando una pausa en el silencio, que es lo único que dejaste.

Odio el olor al rejunte de flores recién cortada, una mezcla de aromas que me hacen viajar más allá de la realidad y automáticamente pensar en algún final. Final de todo , principio de nada. Cada vez que algo se va, el olor a flores se hace más fuerte, como para una despedida interesante, y una perdida importante. Un recuerdo que muchas veces se prefiere borrar.
Pero en el momento que te lo hacen recordar sólo se desea una pausa en el silencioso abismo de tu memoria, que vagamente forma imagenes vividas, y situaciones graciosas que se borran en el instante que te despertaste y te enteraste que no pudiste decir adiós.
Y en eso queda. Un adiós en el silencio, una adiós en la oscuridad, un adiós en una pieza que lo único que hace es retumbar en un eco eterno que no tiene respuesta y que por más que intentes sabes que nunca podrías tener una oportunidad para retractarte de tus errores, retractarte de no despedirte de una manera adecuada.
Un error típico, un error que se quiere olvidar, un error que se quiere esconder tras una sonrisa distorcionada que sólo el tiempo cambia.

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