Cuando era chica antes de irme a dormir saludaba a todos con una inocencia única.
Chau, te quiero, hasta mañana.
Y con una sonrisa me iba a la cama.
Eran épocas felices, creo, en realidad mucho no me acuerdo, por lo menos a mi me parecían felices.
Pero un día algo cambio.
Después de una increíble y divertida semana salude una vez más a esa persona que siempre estaba conmigo, me hacía el desayuno y me contaba historias de su pasado, Chau, te quiero, hasta mañana.
Al día siguiente me desperté y baje a saludar a todos, con una mano tenía a miau, mi león-peluche, el tema es que no había mucha gente en casa.
Baje hasta la pieza del entrepiso y estaba increíblemente impecable y sin rastros de esa persona.
Sin dar muchas vueltas baje y busque a mis hermanos, que estaba cada uno metido en sus cosas. Salude como siempre y nos pusimos a jugar ya para el medio día no había rastro de nadie mayor en casa.
"tengo que decirte algo" escuché de mi hermano. Y con cero porciento de sensibilidad agregó " se murió -----"
Fruncí entrecejo y no creí una palabra, entonces cuando apareció mi mama le pregunté donde es que estaba. Y le dijo a mi hermano 'no le dijiste?' y me lo volvió a repetir.
Desde entonces ya no hay un Chau, te quiero, hasta mañana, por que nunca sabes si es hasta mañana o si es hasta nunca y prefiero no quedarme con un vacío adentro que por más de que no derrame una lágrima, sabía que nunca más iba a querer repetir esas palabras.
lunes, 27 de diciembre de 2010
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